El fenómeno de El Niño se intensifica y se extenderá hasta enero
Los efectos del fenómeno de El Niño se están comenzando a sentir en Bolivia, incluyendo cambios en las temperaturas, una notable disminución de las lluvias y una reducción en la disponibilidad de agua. Estos factores impactan de manera directa en la producción agrícola y elevan el riesgo de incendios forestales en diversas regiones del país.
La magnitud de estos efectos se relaciona con la intensidad del fenómeno, que se origina por un calentamiento anormal y sostenido de las aguas del océano Pacífico ecuatorial central y oriental. Según el ingeniero climatólogo Kenny Quisberth del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), se considera un Niño débil cuando el calentamiento es de 0,5 a 1 grado Celsius, y se clasifica como fuerte cuando supera los 1,5 grados. Este año, existe la posibilidad de que se sobrepase la barrera de los 2 grados, lo que indicaría un Niño muy fuerte.
El fenómeno de El Niño, capaz de alterar el clima por varios meses, se presenta cada dos a siete años, aunque su frecuencia puede variar. Quisberth señala que Bolivia ha experimentado fases de El Niño muy fuerte en tres ocasiones previas: entre 1982 y 1983, 1997 y 1998, y entre 2015 y 2016, periodos que generaron condiciones climáticas similares a las que se anticipan para este año.
La etapa de El Niño del 2015 al 2016 se caracterizó por una severa falta de lluvias, lo que resultó en una crisis hídrica en La Paz, donde se implementaron racionamientos de agua. Dada la diversidad climática del país, Bolivia es particularmente susceptible a las variaciones que puede generar este fenómeno.
El Niño provoca diferentes efectos en distintas regiones, como lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos en unas áreas, mientras que en otras puede generar sequías prolongadas y un incremento en los incendios forestales, afectando la producción agrícola de manera severa.
Aunque es posible prever El Niño con varios meses de antelación, no se puede determinar con exactitud cuándo lloverá, dónde comenzará una sequía o cuándo ocurrirá un incendio. Entre agosto y octubre de este año, se anticipa un déficit de lluvias severo en la Amazonía, Chiquitanía, Chaco y los Valles, y las provincias del norte de Santa Cruz, Beni, Pando y el norte de La Paz son las más vulnerables, al igual que los altos niveles de temperatura que impactarán el occidente del país.
La fase más crítica del fenómeno se prevé entre noviembre y enero de 2027, con sequías agrícolas severas en las tierras altas y olas de calor extremo que afectarán al país en general.