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Política

El camino a seguir: pasos inciertos en la nueva administración

PolíticaPor Luis Muiba

Rodrigo Paz Pereira asumió su cargo hace más de ocho meses, comprometido a cumplir con sus promesas bajo la repetida consigna de 'Bolivia' y 'Patria'. Sin embargo, el camino ha estado lleno de obstáculos desde su llegada a la Asamblea Legislativa Plurinacional.

Las promesas electorales suelen ser recibidas con cierta tolerancia por parte de los votantes, aunque es comprensible que su implementación sea gradual. La reforma de las subvenciones a los hidrocarburos, aunque tardía, fue vista con aceptación, especialmente tras dos décadas de decisiones complicadas tomadas por el MAS. La inminente eliminación de estas subvenciones generó expectativas, pero un escándalo relacionado con gasolina contaminada complicó aún más la situación, dejando muchas incógnitas sin resolver.

A medida que se emitían nuevos decretos, la presión de los movimientos sociales, algunos de los cuales tenían raíces en el MAS, se hizo palpable. Estos grupos comenzaron a movilizarse, provocando bloqueos que incomodaron a la población, la cual había votado en un 86,65 % por un cambio significativo. La resistencia de estos movimientos culminó en un período de protesta que terminó no tanto por el diálogo como por el descontento creciente de la ciudadanía que se vio atrapada en una crisis de desabastecimiento y falta de servicios básicos.

Aunque se levantaron los bloqueos, lo que no significó un triunfo absoluto para los movimientos sociales, el gobierno cedió en varios de los reclamos planteados. Esto dejó a muchos preguntándose si se había logrado realmente un cambio significativo en el país.

La expectativa era que el gobierno avanzara hacia un cambio real, pero hasta ahora, la administración ha mostrado una falta de dirección clara. En lugar de establecer un consenso con las diferentes fuerzas democráticas, se ha percibido un gobierno que actúa con timidez y se distancia de la Asamblea Legislativa, perdiendo una oportunidad valiosa para fortalecer su posición.

A pesar de que Bolivia ha comenzado a abrirse al mundo, el modelo que predomina desde hace años sigue vigente, lo que limita las posibilidades de un cambio verdadero. Las viejas estructuras y prácticas continúan, creando un ambiente de desconfianza y resignación entre los ciudadanos.

En este contexto, es evidente que el país necesita una transformación profunda, ya que se corre el riesgo de repetir los errores del pasado reciente sin las crisis que marcaron el 2020. La situación actual pone de manifiesto que, aunque se avanza, es un paso adelante y dos atrás.