Sanciones históricas para Paredes y Molina tras la final del Mundial
Leandro Paredes y Nahuel Molina, futbolistas de la selección argentina, han recibido prohibiciones de jugar con su equipo nacional como consecuencia de los incidentes ocurridos en la final del Mundial contra España en Nueva Jersey. La sanción impuesta por la FIFA es una de las más severas en la historia del torneo.
Paredes, quien juega en Boca Juniors, no podrá participar en diez partidos internacionales, mientras que Molina, nuevo refuerzo de la Roma de Italia, enfrentará una suspensión de siete encuentros con la selección argentina. Esta decisión marca un nuevo estándar en las sanciones deportivas por comportamiento violento en el contexto de los Mundiales.
La última vez que se aplicó una sanción de tal magnitud fue en 2014, cuando Luis Suárez fue castigado con nueve partidos tras morder a un rival durante el Mundial de Brasil. Suárez también enfrentó un período de cuatro meses sin poder participar en ninguna actividad relacionada con el fútbol, lo que generó un gran debate que llegó al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS).
Según las regulaciones de la FIFA, Argentina puede disputar hasta diez amistosos internacionales en las próximas fechas permitidas. Si este calendario se cumple, Paredes podría regresar a la selección en septiembre de 2027, mientras que Molina podría estar disponible en marzo del mismo año.
Tras la derrota en la final, Paredes expresó sus dudas sobre su futuro en la selección, comentando: "No sé si estoy para seguir. Es un proceso, hay que digerirlo, pensarlo, no hay que tomar decisiones apresuradas, pero hay que hablarlo." La situación refleja la presión que enfrentan los deportistas tras resultados adversos en competencias de alto nivel.
Históricamente, la FIFA ha impuesto sanciones significativas en las Copas del Mundo. Entre los casos destacados se encuentran las suspensiones de Mauro Tassotti y Leonardo, quienes fueron castigados por incidentes de juego violento, así como el famoso caso de Zinedine Zidane, que recibió una sanción de tres partidos por su cabezazo a Marco Materazzi en la final de 2006.
Estas sanciones subrayan la importancia de la disciplina en el deporte y marcan un cambio importante en la forma en que la FIFA aborda la violencia en el fútbol, buscando establecer un ambiente más seguro y respetuoso dentro y fuera del campo.