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Economía

Disminución del 42,9% en importaciones de combustibles genera inquietud por escasez de divisas

EconomíaPor Yovana Semo

Durante el mes de junio, Bolivia realizó importaciones de combustibles y lubricantes por un total de $us 140,9 millones, lo que representa una caída del 42,9% respecto al mes anterior y se convierte en el monto más bajo registrado en los primeros seis meses de 2026, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Este descenso es preocupante, ya que el país depende cada vez más de las importaciones para satisfacer su demanda interna de combustibles, en un contexto donde aún enfrenta dificultades para asegurar el abastecimiento de diésel y gasolina. En el acumulado del primer semestre, la nación destinó $us 1.203,3 millones para la compra de estos productos, lo que se traduce en un 11,3% menos que los $us 1.357,1 millones del mismo periodo en 2025.

La disminución de junio se debe mayormente a la reducción en la importación de combustibles elaborados, como el diésel y la gasolina, que bajaron de $us 246,8 millones en mayo a $us 140,9 millones en junio. Sin embargo, el INE no ofrece una explicación clara sobre si esta caída se debe a una falta de dólares, problemas logísticos, bloqueos o simplemente a una menor demanda.

A principios de junio, el exministro de Hidrocarburos, Álvaro Ríos, ya había señalado los retos que enfrentaba Bolivia para financiar sus importaciones de combustibles debido a la escasez de dólares, lo que a su vez encarece las condiciones para adquirir estos productos. En 2023, Ríos había proyectado que el país necesitaría alrededor de $us 3.000 millones para cubrir la importación de gasolina y diésel, a raíz de la caída en la producción nacional de hidrocarburos.

El actual panorama refuerza la dependencia del país de las importaciones, ya que Bolivia ha dejado de ser un exportador neto de energía en varios segmentos, lo que incrementa la necesidad de acceder al mercado internacional para satisfacer un consumo de combustible en aumento. La disponibilidad de divisas se vuelve crucial en este contexto; no solo se requiere que el combustible esté disponible en el mercado internacional, sino que el Estado necesite dólares para su compra y posterior distribución.

Aunque la reducción en la factura de importación podría interpretarse como algo positivo desde la perspectiva del gasto, en un contexto de escasez, este dato debe ser analizado con mayor profundidad. Si bien el país gastó menos en junio que en mayo, las estaciones de servicio siguen experimentando largas filas de espera y sectores productivos reportan dificultades para conseguir diésel.

El primer semestre de 2026 ha mostrado una tendencia de importaciones volátiles, comenzando con solo $us 58,5 millones en enero y viendo picos en febrero y abril, seguidos de caídas en mayo y junio. Esta irregularidad dificulta mantener un suministro constante.

YPFB continúa siendo el principal actor en el mercado de combustibles, a pesar de que el Gobierno autorizó la participación privada en su importación a través del Decreto Supremo 5644. Sin embargo, la participación de empresas privadas ha sido limitada y no ha logrado sustituir la dependencia de YPFB.

La reducción en la oferta de combustible también tiene consecuencias en la vida diaria de los ciudadanos. Transportistas han comenzado a buscar diésel fuera de Bolivia, enfrentándose a precios más altos en países vecinos, lo que afecta la cadena logística y, en consecuencia, los costos para los consumidores. Un ejemplo es el diésel en Chile, que puede costar entre Bs 15 y Bs 17 por litro, lo que ejemplifica las dificultades que surgen a partir de una menor disponibilidad de combustibles en el país.